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Mario Esteban en el Seminario de Étnor: “Los cambios domésticos de China nos conciernen”

Seminario Étnor
Fundación ETNOR

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Publicado el jueves, 16 de diciembre de 2021 a las 12:38

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Pedro Coca, Adela Cotina, Mario Esteban y Agnès Noguera

Pedro Coca, Adela Cotina, Mario Esteban y Agnès Noguera

Mario Esteban, profesor del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Madrid e Investigador Principal (Asia-Pacífico) del Real Instituto Elcano, ha impartido su conferencia “¿Qué quiere China y por qué nos concierne?” en el XXXI Seminario Permanente de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Étnor que en esta edición lleva por título “Inteligencia artificial: ¿Oportunidad o amenaza para la democracia?”.

¿Qué quiere China?

China es un régimen político de partido de estado; es el partido quien determina las prioridades del país, tanto en el ámbito doméstico como en el internacional. Y lo que quiere China es mantener ese régimen político, asegura Mario Esteban, experto en política de Asia Oriental y sus relaciones políticas y económicas con la UE.

En su conferencia, presentada por Agnès Noguera, consejera delegada de Libertas7 y vocal de la ejecutiva y el patronato de Étnor, Esteban se ha referido a los medios que utiliza el Partido Comunista Chino (PCCH) para conseguir la permanencia del régimen.

¿Por qué nos concierne?

China, el país más habitado del mundo, tiene una población activa que supera los 800 millones de personas, más que la población de EE.UU. y Europa. Las condiciones de esta población activa, explica Esteban, su productividad, tiene un impacto esencial sobre la economía global. “Sus cambios domésticos nos conciernen”, asegura.

China es la mayor economía del mundo, la segunda en presupuesto militar, el mayor emisor de gas invernadero y el único país capaz de discutir la hegemonía de EE.UU., explica Mario Esteban.

Desarrollo socioeconómico y nacionalismo.

Las autoridades chinas son conscientes de que, para mantener el régimen, es más eficiente contar con apoyos domésticos e internacionales que imponerse por la fuerza, explica Esteban. “China es un régimen autoritario pero sus gobernantes intentan ganar el respaldo de la población y la población china está razonablemente satisfecha con el partido”. Y no sólo por el efecto de la propaganda, “el gobierno chino intenta aplicar las políticas que responden a su propaganda”.

En las últimas cuatro décadas, China ha experimentado un desarrollo socioeconómico innegable y mantiene expectativas de mejora a futuro. Una “historia de éxito” que plantea al gobierno chino el desafío de continuar generando riqueza para 1.400 millones de personas. Y plantea un segundo desafío, porque,  satisfechas las necesidades materiales las sociedades se vuelven postmateriales. “La propia receta de legitimidad y bienestar material puede agotarse”, asegura Esteban.

El PCCH aprende que necesita fuentes de legitimidad alternativas, explica Esteban. Las autoridades chinas han sido muy activas en cultivar una legitimidad de carácter nacionalista y ha sido una campaña exitosa, “la población identifica al partido con China y con la defensa de sus intereses”.

Desarrollo tecnológico.

Ser líder tecnológico es fundamental para el éxito económico e ideológico que ambiciona China, de ahí sus grandes inversiones en ciencia, tecnología e innovación. “No sólo quiere reducir su dependencia de otros países en tecnología”, expone Mario Esteban, “quiere generar dependencia de otros países con China y fomentar su atractivo como socio para terceros países”.

Además, el desarrollo tecnológico permite a China desplegar una diplomacia coercitiva en su periferia, potenciar su capacidad militar y proveer servicios de seguridad, protección social y económica basados en un modelo de control social.

Socio, competidor y rival.

Mario Esteban, que asegura existe una “polarización” en el debate sobre China y que “los discursos hacen más política que análisis”, ha concluido con una valoración de la posición de la UE. “No ha caído en dinámicas frentistas” y su perspectiva estratégica sobre China, le otorga, en sus relaciones con la UE, el triple papel de socio, competidor y rival sistémico.

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